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Ayer tarde el gran matemático, mago y  amigo  José Luis Priego (a la sazón también padre de nuestro gran voluntario José Luis Priego) nos deleitó con una tarde de magia tras la que aún nos encontramos estupefactos y con la mandíbula desencajada ante la calidad de sus trucos. En un día gris , frío y lluvioso, el arte de José Luis iluminó la tarde entregándonos sin reservas eso tan valioso que tenemos los seres humanos : el tiempo. Nos lo dedicó a nosotros y queremos agradecérselo eternamente. 

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